14 Dec

Los derechos humanos, una celebración a la vida

Por Victoria Orellana
Un día como hoy, 10 de diciembre de 1948, la Organización de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.  Se elaboró bajo el ideal común de ser para todos los pueblos y naciones; a fin de que las personas y las instituciones se inspiren en ella y promuevan su enseñanza y educación, el respeto a estos derechos y libertades y aseguren su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, para los Estados Parte y territorios bajo su jurisdicción.

infografia-dudh68 años después, celebramos este valioso aporte a la humanidad, pero ¿los y las
guatemaltecas lo celebran? ¿es motivo de alegría para el país?

Al revisar, día a día, las redes sociales (Facebook entre otros) se comparten noticias de diferentes medios sobre la violencia que azota a nuestra Guatemala.   Robos a mano armada, extorsiones, corrupción, redes criminales de trata y explotación sexual comercial, etc.  Debajo de cada nota socializada o en los comentarios de quienes las comparten, se deja ver la indignación de nuestros conciudadanos con frases como: “Se merecen la pena de muerte, pero los Derechos Humanos no dejan”; “Eso es lo único para lo que sirven los Derechos Humanos, para defender criminales”; “Ahí están sus derechos humanos, para dejar libres a los ladrones”, entre otros.

Con comentarios como estos, a veces provenientes de personas cercanas a nosotros, no pareciera ser que celebremos que nuestro país esté suscrito a esta Declaración y busque respetar los derechos de todos y todas.  Además, se palpa fácilmente que, desde su adopción, se ha mitificado a estas condiciones y libertades instrumentales, al punto de pensarse popularmente que solo buscan defender la impunidad de quienes atentan contra la vida, la paz y la libre locomoción.

¿De dónde provienen estos mitos y estigmas hacia los Derechos Humanos? De los mismos sectores conservadores que desean ver a Guatemala como un país clasista, excluyente y líder de las desigualdadessociales.  Las elites menos progresistas de nuestra nación son quienes se encargan de difundir concepciones erróneas acerca de hitos tan importantes como lo son los Derechos Humanos y la Convención sobre los Derechos del Niño -CDN-.

Sin ir tan lejos, recordemos que Guatemala fue uno de los primeros signatarios de la CDN, en 1990.  Al adherirse tan rápidamente a este instrumento y ratificarlo, se esperaría una legislación del derecho interno de la niñez en los primeros años de los noventa.  Pero pasaron 13 años hasta que la Ley deProtección Integral de la Niñez y Adolescencia -Ley PINA- viera la luz en 2003 y, destacamos que, fue posible hasta que se modificó u omitió artículos que hacían ruido al conservadurismo político y religioso del país, además de que se adicionó un capítulo de obligaciones de los niños y niñas.  Para todo esto, los padres de los noventa ya creían que los Derechos de la Niñez eran para volcar a los hijos en contra de ellos mismos, con lo cual el nacimiento de la Ley PINA no fue motivo de celebración para los progenitores.  Esta creencia perdura hasta la fecha.

Lo mismo pasa con los Derechos Humanos. Se ha aprovechado la falta de acceso a la información, la poca escolaridad, los escasos hábitos de lectura y la masiva influencia de generadores de opinión para crear criterios en los guatemaltecos. Estos criterios carecen de argumentos válidos y solo remedan las concepciones adquiridas a partir de campañas negras de las élites que manipulan la información, de modo que, se ha vuelto una creencia popular que los Derechos Humanos defienden criminales.

En todo caso, los derechos humanos velan porque se lleven a cabo los debidos procesos legales, con un enfoque de derecho internacional.  Sin embargo, el sistema judicial y los encargados de aplicar justicia en Guatemala, así como los procesos judiciales, no tienen el enfoque de derechos humanos para la reparación a las víctimas, lo cual supone una ventaja para el victimario.  Finalmente, terminan siendo procedimientos judiciales que responden a protocolos legales establecidos.  En conclusión, la legislación nacional y la falta de sensibilización y de empatía hacia la víctima, son el embudo al impartir justicia en nuestro país.  

Lo anterior significa que no son los Derechos Humanos los que entorpecen los procesos judiciales. Lo son los razonamientos legales en los que se fundamentan los jueces para impartir sentencias u otorgar medidas sustitutivas y absolutorias.

Entonces, los Derechos Humanos son beneficios, condiciones y libertades que se nos otorgan para respetar nuestra vida, son inherentes a todos los seres humanos (universales), son indivisibles e inalienables.  Son para buscar la integridad y el acceso a la justicia, no para defender a quienes quebrantan la ley y atientan contra la vida.

Por eso mismo, hagámoslos nuestros. Celebrémoslos. ¡Celebremos la vida!